Si eres un amante de la comida y te encanta descubrir nuevos sabores, Bangkok es un destino que no puedes dejar de visitar. Con una oferta gastronómica sin igual y una mezcla de influencias culturales, la capital de Tailandia es considerada por muchos como la capital gastronómica del mundo. En este artículo, te cuento mi experiencia en el último viaje a Tailandia.
Un paraíso culinario en Bangkok
A los cocineros nos encanta comer. Disfrutamos probando nuevos sabores y combinaciones. También intentando adivinar los ingredientes de cada plato y averiguar cómo se ha conseguido el resultado final. Así que, para nosotros, comer fuera es tanto disfrute como aprendizaje. En inglés hay una expresión “Going on a busman’s holiday” para describir esas vacaciones donde acabas haciendo las mismas cosas que harías si te hubieras quedado en casa trabajando. Pues bien, he pasado tres semanas en febrero haciendo precisamente eso en Tailandia.
Restaurantes nuevos en Tailandia: descubriendo sabores únicos
En este viaje he descubierto restaurantes nuevos. Nan Bei, reúne las exquisiteces del Norte y Sur de China en un espacio Art Deco con extraordinarias vistas de la ciudad. Fuimos a la hora de comer y disfrutamos de dim sum de cangrejo azul con trufa, turnip cake y rollitos crujientes con tallarines y caviar. El pato Pekín se sirve como Dios manda: la piel crujiente con finas crepes, seguido por una sopa hecha con los huesos y la carne salteada.
Fue mi segunda visita a 100 Mahaseth, que volvió a sorprenderme con su cocina de Isaan: huesos de tuétano con semillas de perilla y una cremosa y extraordinaria ensalada de larva de hormigas rojas con guindilla y lima (la foto del plato está en la cabecera de este reportaje) . Pero quizás el lugar que más me impresionó fue Sam Lor, con un larb de pato para morirte y una tortilla frita mágica, ligera como una nube, con la yema cremosa por dentro. A ver cómo nos inspiran en Ma Khin todos estos descubrimientos.
Explorando la vida de los ciudadanos de Bangkok a través de su comida callejera
Bangkok es un destino maravilloso, y no solo por la comida. La temperatura es perfecta en febrero, sin el calor sofocante de verano y con un ambiente lo suficientemente para disfrutar de un tour en bici, que hicimos de noche, siguiendo los “soi’s”, un laberinto de calles estrechas que salen de las principales arterias de la ciudad.
El paseo nos dio un sentido real de la vida de ciudadanos: nos encontramos con grupos de ancianos jugando a mah jong, familias cocinando, lavando ropa, rezando, niños jugando y, por supuesto, con gente compartiendo comida y conversación. También tuvimos tiempo de salir de la ciudad y de disfrutar de las esplendidas playas de las islas y de unas fantásticas excursiones para hacer snorkel en arrecifes llenos de peces coloridos y terroríficos erizos con temibles espinas de 10 centímetros.
Ha sido mi sexta visita a Tailandia y vi el país cambiado. EL COVID ha causado un daño importante al turismo y muchos sitios han tenido que cerrar. La mayoría de la población continúa viviendo humildemente y el confinamiento tiene que haber sido tremendamente duro. El golpe de estado en el vecino Myanmar ha traído una oleada de refugiados birmanos a Tailandia, donde trabajan duramente por sueldos bajísimos. “¡Y vaya cómo trabajan!”, nos comentó un amigo empresario.
El gobierno militar de Tailandia ha intentado modernizar Bangkok, “limpiando” las calles de vendedores ambulantes. Echo de menos esta vidilla caótica de antaño, pero sigue habiendo un “Bangkok Buzz”. ¡He traído un poco de ello conmigo de vuelta al Mercado de Colón!”